I
Nocturnos en proceso,
Cambios sin forma.
En el siglo de los hombres:
Bienaventurados los predadores,
Dioses entre tantos mesías.
La vida es a la suerte
Como la muerte a la ironía
Y si toda muerte es un ocaso,
Todas las noches una sola.
Y si soñar es vivir en vela,
Reposan sobre el invierno del temor
Los sueños del hombre,
Esquirlas hambrientas
En un planeta que anochece.
II
La palabra se pierde entre sonidos rumiantes: En verdad toda muerte es una sola. Cuando la fantasía se apodera del “no fue”, cada hombre es la cara festiva de la soledad. Cada hombre es casual y la acción su refugio a la incertidumbre. Música, payasos, jugueteos, el rostro de una ciudad que recuerda la desdicha, al ver la alegría en deuda cotidiana, feliz sección de un diario.
III
También yo soy la vida,
Soy una ciudad que anochece
Soy la soledad de los ojos vírgenes
Que me hablan con voz de mujer.
Si me siento vivo me sonrojo
Si muero palidezco,
Me aliviano entre cansancios.
¡Que poco pesa el mundo!
IV
Soy un todo y la noche,
Como la noche es una sola
Y todo cansancio es uno solo,
Toda soledad es una sola,
Toda mujer es una sola,
Todo nombre, uno solo: Lunática.
Por: Juan Felipe Castellanos Martínez
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