viernes, 24 de junio de 2011

Est la pluie

Tal vez no lo sea, es probable que sea más el resultado del frontal aún empañado por pasiones ya pasadas y sin embargo…la vista que en momentos fue testigo no participe se empaña con la lluvia que ella trae tras de sí. Un temporal de sentimientos encontrados arrastra con más ansias que con fuerza mi mirada, el tacto explorador de relieves laureado se extasía realizando un primer mapa y aún no logro comprender si es la lluvia o es su tácito carácter de niña, asómate a la ventana niña mía, que mis manos se han cansado de no verte y mis ojos persuadidos por tus formas han olvidado parpadear más a menudo. Así nublada la vista, las manos impacientes y en tremores, las ansias taciturnas pero atadas y la lluvia que trajiste en las ventanas me dejan desahuciado, declarado pesimista y escondido. Pensativo y rozagante.Impulsado y elocuente. Optimista y contrariado. Con la dicha de ese brillo de tus nubes, de las gotas de cuerpo, de tu tácita y tan palpitante forma de niña y de tu mirada irónica, tan sarcástica que habla de mil lluvias ya pasadas y promete con el viento luego irse. Te prometo hacer atajos hacia la próxima lluvia y prometo ahogarme en ella o simplemente olvidarte.

Por: Juan David Poveda

jueves, 23 de junio de 2011

Juno de Varidesal

En la plaza de mercados de Varidesal se alza sobre un pequeño pedestal de veinte centímetros la estatua de la diosa Juno Moneta, de apariencia joven e inquisidora, pero inadvertible para el andar descuidado de las gentes en su cotidianidad. La existencia de la estatua es anterior a la emigración que dio origen a Varidesal hace mas de trescientos cincuenta años y su presencia en esa zona corresponde a un misterio ya que no hay evidencia de que las antiguas poblaciones que allí residieron hayan sido de origen romano, incluso de que estas hubiesen sostenido un mínimo de contacto con pueblos romanos.
La juventud de la diosa representada y su hierro ostentoso ha permanecido grabada en la memoria de alguna mirada optimista como un triste contraste con la decadencia, la pobreza y la suciedad de las orillas Varidesianas. Entre sus razgos se encuentra una melena, distribuída al gusto sensual del escultor como si esta se contoneara con el fuerte viento de su otoño, y deja reposar sobre sí una corona que mas que su realeza delata el carácter anacrónico de su presencia en la plaza. Su dotación es cada arrebato con que la juventud encapricha al deseo: La sonrisa picaresca, la mirada retadora, el atuendo de guerrera compuesto de una prepotente égida que no disimula la quietud de sus senos ni su adolescencia que ordena sin cautela entrar al universo de los hombres. Y su arma con que invade la fantasía de las aguas, la silueta, el molde de las sombras que cada tanto acarician al mar Tercero. El tiempo y la melosería de las gentes del sur llenaron su cuerpo de promesas en tinta, de amores eternos, de amores políticos, del color ridículo, escudero del maloliente devenir costero que no se ruboriza.
Se cuenta que en un atardecer veraniego, la otrora impasible, convirtió su reinado del pedestal en un perturbador movimiento de marioneta. Juno, la inquilina, se había adueñado de la brisa y ocultaba con su hombro la primera estrella de la tarde, lucero vespertino, llamando a gritos al éxtasis, soñando no estar muerta y al final de su dicha se inició la noche, dando honor al graznar de los patos que antecedía la lluvia de verano. Desde entonces en la danza de Juno, patrona lunática de los insaciables, habita la quietud del pedestal.

Por: Juan Felipe Castellanos