Lo toma rápidamente de su bolsillo, lo aprieta firmemente entre sus manos y lo lleva hasta su nariz. Un beso, un giro, un silencio, un millón de tambores sonando entre sus sienes. La bilirrubina de Juan Luis coloreando el antes pálido rostro del delito. Un dios tarro a medio consumir y una fiesta de “flogers” por concluir.
Por Julián Duque
No hay comentarios:
Publicar un comentario