y el sabor del óxido que apreta y ralentiza mis latidos.
Son el olor del armario viejo,
las velas extinguidas y la cera derramada.
Los pabilos que sin decir no, se retiran de la confrontación.
El escrito que no rima, y no es considerado poema,
y aún así sacará de lágrimas correr al amante deshidratado.
Son piedras, el vestir incómodo hecho a medida en arena,
el verbo que no quiero pronunciar, y no quiero cerca a mis labios.
Es eso que me da la razón y me la quita, ya que nunca he sido objetivo
si no al definir lo que no he sido.
Por Malcolm Giraldo
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